Una hora de imágenes satelitales sobre el norte del desierto de Atacama en Chile. (foto UIT/ F. Kamphues, ESO/ M. Kornmesser)

Durante milenios, la humanidad ha contemplado el cielo nocturno en busca de inspiración, asombro y comprensión. Las estrellas nos han guiado, han dado forma a los calendarios, han inspirado el arte, la literatura y la filosofía, y han conectado culturas a través de historias compartidas.

Más allá de esta importancia cultural, la astronomía ha influido profundamente en la humanidad al impulsar la ciencia y la tecnología, desde la física fundamental hasta las técnicas de imagen médica y comunicación.

Pero quizás lo más importante es que la astronomía nos ofrece una perspectiva única de nuestro lugar en el Universo. La participación de aficionados —no solo de profesionales— fomenta la curiosidad, la colaboración internacional y un sentido de patrimonio humano compartido.

El cielo nocturno sigue siendo uno de los pocos bienes comunes globales que todas las personas pueden experimentar, independientemente de su geografía o procedencia. Nuestra capacidad de observar y conectar con el cosmos es, por lo tanto, importante no solo para el descubrimiento científico, sino también para la educación, la cultura y para mantener una fuente perdurable de asombro que ha acompañado a la civilización a lo largo de la historia.

El crecimiento de los satélites y su impacto en la radioastronomía

Los avances tecnológicos, como los cohetes reutilizables, junto con la creciente necesidad de ampliar la conectividad a regiones remotas y con acceso limitado a servicios, han impulsado la actividad espacial a niveles sin precedentes.

Las empresas privadas han comenzado a lanzar miles de satélites en órbita terrestre baja como parte de las llamadas grandes constelaciones de satélites. Si bien estos sistemas aportan importantes beneficios sociales, como una mejor conectividad y resiliencia global, también plantean nuevos desafíos para la astronomía y la experiencia humana del cielo nocturno.

El rápido aumento en el número de satélites ha transformado la visión astronómica del cielo nocturno, pasando de un escenario de baja densidad de satélites a uno con cientos de satélites visibles en cualquier momento y en casi cualquier parte del mundo.

El aumento de la densidad conlleva varios desafíos. Los satélites, por ejemplo, al ser iluminados por el Sol, reflejan la luz solar hacia la Tierra, contaminando las imágenes astronómicas en forma de estelas visibles que pueden ser percibidas incluso por observadores ocasionales.

La radioastronomía se ve cada vez más afectada tanto por las transmisiones intencionadas como por la radiación electromagnética no intencionada (REMN), esta última derivada del ruido eléctrico generado por la electrónica a bordo de los satélites.

Radioastronomía y satélites en la agenda de la CMR-27

Tras el primer lanzamiento de los satélites Starlink en 2019, la comunidad astronómica se unió y respondió a la situación con diversas acciones.

Los radioastrónomos, en particular, intensificaron sus esfuerzos a través del Sector de Radiocomunicaciones de la UIT (UIT-R, un sector clave de la Unión Internacional de Telecomunicaciones) antes de la última Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones (CMR-23). ​​Esto ha dado lugar a dos nuevos puntos en la agenda de la próxima CMR-27:

1.16 – sobre la protección de la radioastronomía frente a las interferencias agregadas causadas por las constelaciones de satélites no geoestacionarios (NGSO).

1.18 – sobre la protección de la radioastronomía y los sensores pasivos de observación de la Tierra por encima de 76 gigahercios (GHz) frente a las emisiones no deseadas. Varias organizaciones astronómicas comenzaron a participar como observadores permanentes en el Comité de las Naciones Unidas sobre la Utilización del Espacio Ultraterrestre con Fines Pacíficos (COPUOS) para aumentar la concienciación sobre la situación y buscar una respuesta internacional coordinada. Esto dio lugar a la inclusión de un punto en el orden del día sobre cielos oscuros y tranquilos en el Subcomité Científico y Técnico del COPUOS.

Paralelamente, la Unión Astronómica Internacional (IAU), junto con el Observatorio SKA conjunto australiano-sudafricano y el Laboratorio Nacional Óptico e Infrarrojo de la Fundación Nacional de Ciencias de EE. UU., creó el Centro de la IAU para la Protección de los Cielos Oscuros y Tranquilos, al que recientemente se unió el Observatorio Europeo Austral (ESO). El Centro de la IAU tiene como objetivo crear un espacio donde todas las partes interesadas puedan reunirse para debatir posibles soluciones tanto en el ámbito de la astronomía como en el de los satélites.

Colaboración con la industria espacial

La colaboración con la industria ha sido el enfoque elegido por la IAU y otras organizaciones astronómicas internacionales, reconociendo que el uso y la observación del espacio deben ser compartidos por toda la humanidad. Esto ha dado lugar a algunas medidas técnicas de mitigación de la interferencia óptica, como el uso de espejos dieléctricos para desviar la luz solar reflejada lejos de la Tierra y la inclinación de satélites y paneles solares para minimizar su brillo.

En el ámbito de la radio, los operadores han probado nuevas técnicas, como la evitación del eje óptico, mediante la cual se controlan los haces puntuales de los enlaces descendentes de los satélites para evitar la iluminación de las estaciones de telescopios y minimizar el efecto del tránsito de los satélites a través de los haces de los telescopios. Aún queda mucho por investigar sobre los efectos de la radiación ultravioleta extrema (UEMR, por sus siglas en inglés), que siguen siendo objeto de estudio por parte de los fabricantes de telescopios y satélites. Los debates continúan en foros reguladores y organismos de normalización.

Los esfuerzos de mitigación en el ámbito de los telescopios también están en marcha, y muchos observatorios están realizando primero estudios teóricos.
Trabajo en equipo de Federico Di Vruno, Gestor del Espectro del Observatorio SKA; Vicepresidente del Grupo de Trabajo 7D de la UIT-R; Director Asociado del Centro de la IAU para la Protección del Cielo Oscuro y Tranquilo, y Piero Benvenuti, Profesor Emérito de Astrofísica de la Universidad de Padua; Director del Centro de la IAU para la Protección del Cielo Oscuro y Tranquilo.

Swisslatin / UIT Prensa (09.09.2026)




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