
América Latina y el Caribe ya se encuentran entre las regiones que más utilizan aplicaciones de inteligencia artificial generativa. Sin embargo, más del 70% de su población carece de competencias digitales básicas. Expertos de la ONU advierten que el desafío no es solamente acceder a estas herramientas, sino convertirlas en productividad, mejores servicios públicos y capacidades propias.
América Latina y el Caribe es ya la tercera región del mundo en descargas de aplicaciones de inteligencia artificial generativa, con entre el 15% y el 20% del total global. Las interfaces sencillas y la posibilidad de interactuar mediante lenguaje natural han permitido que personas sin conocimientos técnicos accedan a modelos avanzados, incluso en países con estructuras productivas poco sofisticadas. La región, por tanto, no está observando desde lejos la revolución de la inteligencia artificial: la está adoptando a gran velocidad.
Ese avance convive con una realidad menos alentadora. Más del 70% de la población latinoamericana y caribeña carece de competencias digitales básicas, según el Marco regional de competencias digitales para América Latina y el Caribe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). La coexistencia de ambas cifras revela una paradoja: millones de personas pueden comenzar a utilizar inteligencia artificial antes de haber adquirido las capacidades necesarias para evaluar críticamente sus respuestas, proteger sus datos o convertir la tecnología en una herramienta para aprender, trabajar y participar plenamente en la sociedad.
La facilidad de acceso puede, en consecuencia, ofrecer una imagen incompleta de la inclusión digital. Una persona que abre una aplicación desde un teléfono móvil aparece como usuaria de inteligencia artificial, pero no necesariamente dispone de una computadora, una conexión estable o la formación necesaria para emplearla en tareas de mayor complejidad. Del mismo modo, un país puede registrar altos niveles de adopción sin haber desarrollado empresas, infraestructura, investigación o talento capaces de capturar una parte significativa del valor generado.
Estar conectado no significa estar preparado
Fernando Rojas, asistente superior de Asuntos Económicos de la División de Desarrollo Productivo y Empresarial de la CEPAL, coordinó la elaboración de DigCompALC, el primer marco regional de competencias digitales diseñado para América Latina y el Caribe. Su desarrollo involucró a representantes de gobiernos, instituciones académicas y organizaciones especializadas de 19 países. El objetivo no fue traducir mecánicamente el marco europeo que sirvió como referencia, sino adaptarlo a una región marcada por profundas diferencias de ingresos, territorio, educación y disponibilidad de dispositivos.
Uno de sus conceptos centrales es la conectividad significativa. Alrededor del 78% de los hogares de la región tiene conexión a internet, según las estadísticas citadas por Rojas durante la entrevista. Sin embargo, saber si un hogar aparece como conectado no permite conocer la calidad y el costo del servicio, el dispositivo utilizado, la frecuencia de acceso ni los lugares desde los que una persona puede conectarse. Todos esos factores determinan lo que realmente puede hacer con la tecnología.
Rojas ilustró esa limitación con el caso de Chile. Cerca del 98% de los hogares tiene acceso a internet, mientras que un ejercicio de la CEPAL estimó que el 36% de la población reúne las condiciones de conectividad significativa. Se trata de dos indicadores distintos —uno mide acceso en los hogares y el otro incorpora varias condiciones de uso entre la población—, pero la distancia muestra cuánto puede permanecer oculto detrás de una tasa general de conexión.
“Esa conexión del hogar, por ejemplo, puede ser una conexión a través de un móvil y de un plan prepago. Con un móvil tú estás muy limitado a las cosas que puedes hacer y un plan prepago se te puede terminar a medio mes y ya no tienes más conectividad”, explicó Rojas. Para las estadísticas tradicionales, agregó, esa persona continuaría apareciendo como conectada.
Estas desigualdades no se distribuyen uniformemente. En algunos países, la diferencia en la penetración de internet entre los hogares de mayores y menores ingresos supera los 50 puntos porcentuales. También existen brechas importantes entre zonas urbanas y rurales. Incluso entre quienes tienen acceso, depender de un teléfono celular no ofrece las mismas posibilidades que disponer de una computadora.
DigCompALC incorporó una categoría inexistente en el marco europeo: el nivel “prebásico”. Su finalidad es representar a quienes apenas comienzan a relacionarse con la tecnología o enfrentan barreras tan importantes que permanecían invisibles en las clasificaciones anteriores. Entre ellos se encuentran poblaciones rurales, personas mayores, migrantes desplazados, niñas y mujeres indígenas.
La inteligencia artificial se integró en el marco como un dominio transversal, no como una destreza aislada. Utilizarla competentemente requiere evaluar información, comprender qué sucede con los datos introducidos, proteger la privacidad, reconocer contenidos falsos y tomar decisiones informadas.
Swisslatin / ONU Noticias (03.09.2026)