
En París, del 19 de enero al 02 de febrero 2026. Bajo el lema «La escucha como puente hacia la sostenibilidad», se dará comienzo una nueva edición de la Semana del Sonido de la UNESCO. Este evento global, que se celebra simultáneamente en más de cincuenta países, busca transformar nuestra relación con el entorno acústico, recordándonos que el sonido no es solo un fenómeno físico, sino un pilar esencial de nuestra salud, nuestra cultura y nuestra convivencia social en un mundo cada vez más saturado de estímulos.
La Directora General de la UNESCO inaugurará la jornada destacando que la Carta del Sonido, aprobada hace casi una década, cobra hoy más relevancia que nunca. La calidad sonora son derechos fundamentales que deben protegerse frente a la creciente urbanización. La organización insiste en que una sociedad que no cuida lo que escucha es una sociedad que pierde su capacidad de empatía y comprensión mutua, pilares básicos para la paz internacional.
Uno de los ejes centrales de este 2026 es la preocupante crisis de salud auditiva que afecta a las generaciones más jóvenes. Según los datos presentados por expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el uso prolongado de dispositivos de audio personal sin regulación ha provocado que uno de cada cuatro adolescentes ya presente signos de envejecimiento auditivo prematuro. Las campañas de este año se centran en la «escucha responsable», promoviendo tecnologías que limiten automáticamente los decibelios en espacios públicos y privados.
En el ámbito del urbanismo, la Semana del Sonido presenta este año el proyecto «Ciudades Resonantes». Arquitectos y diseñadores acústicos de todo el mundo debaten en París sobre cómo rehabilitar los centros urbanos para reducir la contaminación acústica. La tendencia para 2026 se aleja de las barreras físicas tradicionales, apostando por materiales biodegradables que absorben el ruido y el diseño de «corredores sonoros» naturales que permiten que el canto de las aves vuelva a integrarse en el paisaje cotidiano de las metrópolis.
El patrimonio inmaterial también ocupa un lugar privilegiado en la agenda de este año. La UNESCO ha anunciado la digitalización de más de diez mil paisajes sonoros en peligro de extinción, desde lenguas indígenas con pocos hablantes hasta sonidos de ecosistemas que están desapareciendo por el cambio climático. Este «arca de Noé sonora» pretende asegurar que las generaciones futuras puedan conocer la diversidad acústica del planeta, funcionando como una memoria viva de nuestra identidad colectiva.
La tecnología y la inteligencia artificial (IA) han irrumpido con fuerza en esta edición, planteando nuevos retos éticos y artísticos. Durante los simposios técnicos, se analiza cómo la IA está redefiniendo la creación musical y la restauración de grabaciones históricas. Sin embargo, los expertos advierten sobre el riesgo de la «saturación algorítmica», instando a los desarrolladores a crear herramientas que fomenten la creatividad humana en lugar de sustituirla, manteniendo siempre la autenticidad del gesto sonoro.
La educación es, sin duda, la herramienta más potente para el cambio que propone la UNESCO. En miles de escuelas asociadas, se han puesto en marcha talleres de «ecología sonora» donde los niños aprenden a identificar los ruidos que los rodean y a valorar el silencio como un espacio de reflexión. Estos programas buscan formar ciudadanos conscientes que exijan entornos más tranquilos y que comprendan que el ruido excesivo es, en última instancia, una forma de agresión hacia los demás.
A nivel internacional, la descentralización del evento ha permitido que ciudades de América Latina, África y Asia lideren sus propios foros regionales. En 2026, la atención se ha desplazado hacia el concepto de «justicia acústica», analizando cómo las poblaciones con menos recursos son las que más sufren el impacto del ruido industrial y de tráfico. Se busca que las normativas internacionales de control de ruido sean vinculantes y no meras recomendaciones, para proteger a los más vulnerables.
La industria musical también ha querido sumarse a esta semana con el lanzamiento del manifiesto «Audio de Alta Fidelidad Humana». Grandes productores y artistas se han comprometido a reducir la compresión sonora en sus grabaciones, una técnica que, aunque aumenta el volumen percibido, fatiga el oído y empobrece la experiencia estética. El objetivo es volver a un sonido dinámico y matizado que respete la fisiología del oído humano y recupere la profundidad emocional de la música.
Para concluir, la Semana del Sonido 2026 nos deja una reflexión profunda sobre nuestra forma de habitar el tiempo y el espacio. El éxito de esta convocatoria no se medirá solo por la cantidad de asistentes a sus conferencias, sino por la capacidad de cada individuo para cerrar los ojos y redescubrir el valor de lo que oye. En un mundo que grita, la UNESCO nos invita, una vez más, a aprender a escuchar el susurro de un futuro más equilibrado y armonioso para todos.
Swisslatin / Hernan Dufey / Gemini (16.01.2026)