
Con el mandato de António Guterres llegando a su fin en diciembre de 2026, los pasillos del Palacio de Cristal en Nueva York ya hierven con la diplomacia de pasarela. A medida que nos acercamos al ecuador de este año decisivo, tres nombres han emergido con fuerza, representando no solo visiones distintas de la gobernanza global, sino también el clamor histórico por una rotación geográfica y de género que parece inevitable.
Tradicionalmente, el puesto de Secretario General ha seguido una rotación regional no escrita. Tras el paso de Europa (Guterres), el foco se ha puesto sobre América Latina y el Caribe, una región que no ocupa el cargo desde que el peruano Javier Pérez de Cuéllar terminara su mandato en 1991.
A continuación, analizamos a los tres candidatos que, por su peso político y apoyos oficiales, lideran las apuestas:
1. Michelle Bachelet (Chile): La candidata de la experiencia
La expresidenta de Chile y ex Alta Comisionada para los Derechos Humanos es, para muchos, la candidata natural. Su perfil combina la experiencia de mando ejecutivo a nivel nacional con un profundo conocimiento de la maquinaria interna de la ONU.
Fortalezas: Posee un reconocimiento global inigualable y es la punta de lanza del movimiento «Woman for SG» (Una mujer para la Secretaría General). Su capacidad de diálogo con bloques progresistas y conservadores es su mayor activo.
El desafío: Su historial en derechos humanos, particularmente sus informes sobre potencias como China, podría generar el veto de algún miembro permanente del Consejo de Seguridad (P5), el obstáculo más difícil de superar en este proceso.
2. Rafael Grossi (Argentina): El diplomático del «mundo real»
El actual Director General del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha ganado una relevancia mediática y política sin precedentes debido a su gestión en zonas de conflicto, especialmente en la planta nuclear de Zaporiyia en Ucrania.
Fortalezas: Grossi es visto como un gestor de crisis eficaz y pragmático. Cuenta con el respaldo oficial del gobierno argentino y tiene una excelente llegada tanto en Washington como en Moscú y Pekín, un equilibrio raro y valioso en la actual geopolítica de bloques.
El desafío: Su perfil es más técnico que político, y algunos Estados miembros prefieren una figura con un trasfondo más enfocado en el desarrollo social y la reforma institucional.
3. Mia Mottley (Barbados): La voz del Sur Global
Aunque el proceso aún permite nuevas postulaciones, la Primera Ministra de Barbados se ha convertido en la gran favorita «de facto» para representar al Caribe. Mottley no solo es una oradora carismática, sino la arquitecta de la *Iniciativa de Bridgetown*, un plan ambicioso para reformar el sistema financiero global.
Fortalezas: Es la defensora número uno de los pequeños estados insulares frente al cambio climático. Su liderazgo ha trascendido las fronteras del Caribe, convirtiéndola en la representante moral de las naciones que exigen una reforma estructural de la ONU y el FMI.
El desafío: Al provenir de un país pequeño, su capacidad de maniobrar frente a las presiones de las grandes potencias militares es una incógnita para algunos analistas del Consejo de Seguridad.
El laberinto del Consejo de Seguridad
A pesar de la mayor transparencia en el proceso (con diálogos públicos en la Asamblea General), la decisión final sigue pasando por el filtro del **Consejo de Seguridad**. Para ser elegido, un candidato debe obtener al menos 9 votos a favor y, lo más importante, **ningún veto** de los cinco miembros permanentes (EE. UU., China, Rusia, Francia y el Reino Unido).
El próximo Secretario o Secretaria General asumirá el 1 de enero de 2027 en un mundo marcado por la fragmentación, el desafío climático y la necesidad urgente de reformar las instituciones nacidas tras la Segunda Guerra Mundial.
Swisslatin / Hernán Dufey / Gemeni (03.02.2026)